La fascia es una membrana fibrosa de tejido conectivo que envuelve los músculos, forma las cápsulas articulares, los tendones y los ligamentos. El tejido conectivo tiene tres componentes: células, fibras (colágeno, elásticas, reticulares) y sustancia fundamental. Esta última compuesta por polisacáridos, especialmente por el ácido hialurónico, que absorbe mucha agua. La fascia es como una segunda piel, todo el cuerpo está envuelto por tejido fascial. Los músculos, huesos, tendones, nervios, vasos sanguíneos y las vísceras están envueltos por este tejido y por lo tanto todo el organismo está interconectado sin interrupción por las fascias. Este sistema de fascias tiene una extraordinaria capacidad de deslizamiento y desplazamiento. Así posibilitan todos, incluso los más pequeños movimientos, como el del ritmo craneosacro. Pero también el latido del corazón, la expansión de los pulmones al respirar, la elevación de un brazo etc. A nivel de la espalda existe por ejemplo la fascia toracolumbar. Cuando se ve la gran superficie que ocupa y su grosor se sospecha que pueda tener una gran importancia en el dolor de espalda. De hecho, actualmente, gran parte de las investigaciones se centran en esta fascia ya que al conectar a dos de los músculos más potentes de nuestro cuerpo como son el glúteo y el dorsal ancho, tener gran cantidad de células contráctiles y mecanoreceptores y estar localizada en una de las áreas que más dolor nos produce se la atribuye un papel primordial.