Las emociones son patrimonio del ser humano, sabemos que sentimos. Hay un abanico de emociones, desde agradables que nos hacen felices, que nos hacen vibrar, que nos hacen sentir algo positivo, hasta emociones desagradables que nos hunden, que incluso no nos permiten ya ni sentir, que nos ponen bajo tierra y nos deprimen y estas emociones pueden afectar físicamente determinados órganos y determinada manera de actuar. Así que podemos decir que somos como esos grandes percheros con ruedas que hay en los grandes almacenes, somos porteadores de emociones, desde que nacemos hasta que morimos; esas emociones las llevamos con nosotros, viven «en» nosotros, no están fuera de nuestro cuerpo, no viven aisladas, viven en mí y además marcan mi actitud ante la vida no sólo en el plano emocional sino también a nivel físico. Cada emoción nos va a marcar una determinada actitud y un determinado comportamiento físico.

Entonces, somos como esos percheros que van de un sitio a otro, de un almacén a otro; nosotros vamos a casa, al trabajo, a comprar, dormimos, vemos a un amigo; estamos constantemente integrando emociones, recibiendo impulsos negativos y positivos, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, en forma de emociones.De este modo intentamos mantener el perchero en equilibrio; pero hay emociones que pasan de un cierto umbral, emociones que no somos capaces de contar a cualquiera o emociones que no somos capaces de entender: «¿por qué me ha pasado esto a mí?», «¿por qué me han dicho esto?», «¿por qué me han hecho esto?».

A partir de ahí, al no ser capaz de compartir, transferir o transformar esa percha, me la voy quedar conmigo, y eso es un peso adicional. Es algo que está en nosotros, en nuestra consciencia y en nuestros tejidos, en nosotros, vive con nosotros. Así vamos guardando emociones a lo largo de toda nuestra vida; las positivas nos gustan, nos acercamos a ellas, nos hacen crecer, nos dan luz y esperanza, nos estimulan. Las emociones negativas nos marcan de alguna manera y también nos sirven por supuesto para aprender y evolucionar aunque no siempre seamos capaces de entender el mensaje que hay detrás de una determinada actuación, de una determinada vivencia, y lo guardamos de una manera patológica.

Esa emoción puede ir acompañada de un trauma físico; estamos llegando ya a una emoción límite donde, por ejemplo, yo soy agredido por alguien, insultado, violentado porque me han querido robar o han querido violar a mi novia; es algo que se sale de lo normal, que crea un shock; y dependiendo de cómo yo esté en ese momento, ese shock lo integraré de una determinada manera.

Si estoy tranquilo y alguien me da un susto notaré que mi estómago se encoge, la mandíbula se contrae, se me acelera el corazón; el cuerpo se comporta de un modo ante determinados estímulos. Nadie está libre de esto.

La Liberación Somato-Emocional es un proceso terapéutico que ayuda a liberar a la mente y al cuerpo de los efectos residuales de los traumas pasados asociados a reacciones negativas.

Hablamos de que los tejidos tienen una memoria. Cuando esa información el cuerpo no la puede «digerir», no la puede integrar, por lo que el cuerpo la almacena pudiendo o no somatizar en muchas formas ,la más conocida es como dolor de alguna zona del cuerpo o incluso dolor generalizado

En la Liberación Somato-Emocional no es el terapeuta el que le dice al paciente lo que tiene que hacer. Es el paciente el que nos dice lo que está pasando, por qué pasó, y cómo lo va a solucionar. Nosotros le asistimos y apoyamos durante todo el tratamiento

El terapeuta, sólo es un asistente, un acompañante en el proceso del paciente, dándole apoyo. Es el paciente  y a sabiduría de cada cuerpo el protagonista, el que saca, el que busca soluciones y el que toma decisiones para volver a retomar él las riendas de su vida.

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